Novela negra en la montaña

El pasado fin de semana, tuve el placer de moderar la mesa redonda Matar en la montaña, un encuentro dedicado a la novela negra ambientada en entornos rurales y de alta montaña. Junto a José Sanromán, Marisa Repiso y Miguel Gardeta, exploramos cómo el crimen y el misterio se desarrollan de forma diferente cuando el escenario no es la gran ciudad, sino un pequeño pueblo donde todos se conocen y el silencio pesa más que las palabras.

El escenario como un personaje más

Uno de los aspectos más interesantes que abordamos fue el peso del entorno en la construcción de la historia. Mientras que en la novela negra urbana el anonimato es un elemento clave, en los pueblos y en la montaña la comunidad juega un papel fundamental. No se trata solo de descubrir al culpable, sino de entender las dinámicas sociales de un lugar donde las relaciones son estrechas y los secretos tienen raíces profundas. Como dijo Marisa Repiso, «en estos escenarios, la naturaleza no es solo un fondo decorativo, sino un personaje que impone sus propias reglas».

También reflexionamos sobre cómo el aislamiento y la dureza del entorno influyen en los personajes. La montaña no solo es testigo del crimen, sino que, de alguna manera, moldea a sus habitantes. José Sanromán destacó que, en su obra, la relación de los personajes con el paisaje es clave para entender sus motivaciones, sus miedos y, en última instancia, su implicación en la trama.

El crimen en lugares donde “nunca pasa nada”

Otra cuestión que abordamos fue el contraste entre la imagen idílica de lo rural y la violencia que puede esconderse bajo la aparente tranquilidad de estos lugares. La novela negra ambientada en la montaña o en pequeños pueblos juega con la idea de lo inesperado: ¿cómo puede ocurrir un crimen en un sitio donde nunca pasa nada? Esa misma pregunta es la que engancha al lector desde el principio.

Miguel Gardeta habló sobre cómo los crímenes en estos entornos generan una inquietud distinta a la que encontramos en una novela negra urbana. En la ciudad, el peligro es casi un elemento cotidiano, pero en un pueblo, el impacto es mayor porque afecta a toda la comunidad. Cada personaje, desde el vecino hasta el alcalde, puede esconder algo, y el crimen se convierte en un espejo de las tensiones ocultas dentro del propio pueblo.

La diferencia en la investigación

Otro punto clave de la conversación fue la diferencia en la investigación de los crímenes en estos contextos. En la gran ciudad, la policía tiene acceso a más recursos y tecnología, pero en un entorno rural, las limitaciones pueden hacer que la investigación sea más complicada y, por lo tanto, más interesante para la narración. Como mencionó José Sanromán, «a veces, en los pequeños pueblos, la verdad no se descubre con tecnología, sino con la observación, la intuición y el conocimiento de las personas».

También hablamos de la importancia del ritmo en la novela negra rural. Mientras que el thriller urbano suele moverse a un ritmo vertiginoso, en estas historias el misterio se cuece a fuego lento. No se trata solo de descubrir al asesino, sino de desentrañar las complejas relaciones entre los personajes y cómo el crimen altera el equilibrio del lugar.

Lo más interesante de esta conversación fue darnos cuenta de que la novela negra en entornos rurales no es solo una variante del género, sino una forma distinta de explorar el crimen, el misterio y la condición humana. En la ciudad, el peligro puede acechar en cada esquina, pero en la montaña y en los pueblos, el miedo se infiltra de una manera más sutil, más profunda, y a veces, mucho más inquietante.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Crees que la novela negra funciona mejor en la ciudad o en entornos rurales? Déjamelo en los comentarios.

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